lunes, marzo 14, 2005

Fin de semana Efeyl

Ha sido colosal.
Nunca pensé que fuese a decir esto de un evento Efeyl, pero me ha encantado.

Este fin de semana ha tenido lugar en un albergue de Toledo un evento oficial del mundo Efeyl.
Si yo, que he ido evitando los múltiples eventos de esta ambiéntación como un vampiro la luz solar, he ido, ha sido gracias a la maravillosa amistad que me une a algunos de los masters organizadores de la partida. Dicen que las buenas sorpresas son aun más gratas por inesperadas, y este finde ha sido una agradabilísima sorpresa.

La partida estaba situada en el país de Kendoria, concretamente en la Baronía de Tuksania, sita en el condado de Primion (conocido gracias a su prosperidad como Ruinion). La idea base era una magnífica fiesta motivada por la primera buena cosecha en tres generaciones del mejor tesoro de Tuskania: la uva. Sí amigos, era una fiesta para celebrar la vuelta de la mejor sangre de la tierra que jamás se conociera en Kendoria: el vino.

La baronesa, organizadora de dicha fiesta, había invitado a todas familias de la región, a todos los nobles cercanos, incluso a altísimos dignatarios de la iglesia. Y, como no, había sido una feliz casualidad que un grupo de conocidísimos bardos (nosotros), decidiese hacer una visita al castillo para hacer música y bailes.

Esta idea, tan aparentemente simple, ha dado unos resultados impresionantes por varias razones: la primera de todas, y la que considero más importante, es que en ningún momento del juego se han desenvainado espadas ni disparado ninguna flecha. Había pocas armas, la mayoría en poder de la guardia personal de la baronesa, pero el comportamiento de los jugadores en ese sentido ha sido exquisito: se han preferido otros derroteros en vez de la violencia y darse de leches con espadas de gomaespuma para solucionar las tramas. Increible.

Las tramas, vástagos del buen hacer del ínclito Eleder, de la grandiosa Gil-Galen, de la maravillosa Heriss, y del resto de masters, han sido impresionantes. Por mucho que mirase, nunca encontré a nadie que diese vueltas buscando algo que hacer, o con cara de aburrimiento. Todo el mundo estaba enfrascado en conseguir sus objetivos y en pasar un buen rato metiéndose en la piel de otro personaje. Lo que me recuerda que, cosa extraña, todos los jugadores con los que me he cruzado en la partida (bastantes, ser jefe de una compañía de bardos tiene su lado de relaciones públicas) han hecho una gran interpretación de sus personajes. Ha sido como si de verdad estuviese en un castillo medieval durante dos días.

Mención especial debo hacer aquí a mi grandioso grupo de bardos con los que he tenido el honor y la fortuna de jugar esta partida. Dejando aparte que son majos hasta el extremo, han hecho una labor interpretativa como pocas veces he visto: incluso entre nosotros, cuando nadie nos veía ni oía, el rol siempre ha estado a la altura de las nubes, y ha habido momentos realmente emotivos, en los que no he podido evitar que se me saltasen las lágrimas. Sois grandes chicos. Muy grandes.

Creo que en esta partida tan (en mi opinión) exitosa, han confluido varias felices circunstancias:

- Los masters eran de primera categoría.
- La mayoría de los jugadores han interpretado excepcionalmente bien.
- Y los bardos mejor que nadie (modo barriendo-para-casa ON ;)
- No éramos demasiados (cerca de 80 personas incluyendo masters).
- Las tramas tenían gancho y muy pocos cabos sueltos.
- El lugar era precioso, las habitaciones cómodas y calientes, la comida estaba casi buena y las instalaciones muy cuidadas.

Todo esto ha conseguido que, a pesar de estar malísimo, casi sin voz, y extremadamente cansado, haya pasado un fin de semana de esos que se recuerdan siempre.

Gracias chicos.


Nota: estoy cada vez más seguro de que la vida son ciclos que se repiten una y otra vez. Hace un año estuve en otro ReV que rompió mis expectativas y me hizo pasar otro gran fin de semana. ¿Qué pasará el año que viene?

Nota para vosotros: Tres días atrás hizo un año desde que Roltrigo nos dejó. Y, por mucho que me esfuerzo, no se me ocurre nada que hubiese podido ser mejor regalo para él que este maravilloso trabajo que habéis hecho.

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